

Este proyecto concibe el Museo Nacional de la Memoria como un elemento monumental que acoge la pluralidad del conflicto y la violencia. Su diseño, con barras que se entrecruzan simbolizando el reencuentro y la reparación que el espacio busca generar. Trasciende la noción de espacio público para convertirse en un lugar de política y libertad, donde los visitantes construyen su propia conciencia de dignidad y reconciliación. Sus diversos recorridos, que equilibran lo emocional (Plaza del Duelo) y lo racional (Espacios de Debate), tejen la memoria colectiva.



